Monday, June 8, 2026

Sundays Testimony




Un dato interesante que muchos no saben sobre el arca que construyó Noé es que no tenía timón.


El arca no fue diseñada para que Noé la navegara. No fue construida para que él controlara durante tormentas, eligiera el rumbo o decidiera el destino. Fue construida para que fuera obediente y confiara en que Dios la guiaría.


Me bauticé hace más de 30 años, y durante todo ese tiempo el mundo ha cambiado bastante pero la Iglesia y sus principios han permanecido constantes.


Testifico que la Iglesia es, en muchos sentidos, nuestra arca. Es el lugar al que acudimos para recibir dirección, protección y guía espiritual.


Nuestro papel no es controlar cada detalle del viaje. Nuestro papel es permanecer fieles, permanecer dentro del arca y confiar en Aquel que la dirige.



https://www.theredheadedhostess.com/blog/articles/increase-testimony-john-hilton/

Sunday, June 7, 2026

Do We Really Love God?

 



There is a quote that says:

"You say you love rain, but you use an umbrella when it rains. You say you love the sun, but you seek shade when it shines. You say you love the wind, but you close your windows when it blows. So that's why I'm afraid when you say you love me."

When I read that quote, it made me think about my relationship with God.

We say we love God. We say we believe in Him. We say He is important to us. But can we prove to ourselves that we love Him by looking at what we do for Him each day?

Not what we say. Not what we intend to do. Not what we plan to do tomorrow. What do we actually do?

How is it that the first thing many of us do when we wake up is look at social media? We find time for Facebook, Instagram, YouTube, television shows, sports, games, our careers, our hobbies, and even our physical health.

Yet when it comes to feeding our spirituality and giving God fifteen minutes, suddenly it becomes difficult. We get bored. We lose focus. We read a chapter of scripture and five minutes later we can't remember what we just read. We kneel down to pray and our minds start thinking about work, our schedule, or the hundred other things we need to do that day.

Why is that?

If we truly love God, shouldn't spending time with Him be one of the most important parts of our day?

The good news is that God is not asking us to become perfect overnight. Church leaders have often taught us about becoming 1% better each day.

What does that look like spiritually?

Maybe it means one more sincere prayer. Maybe it means spending ten minutes in the scriptures instead of five. Maybe it means paying closer attention to what we're reading. Maybe it means serving someone, forgiving someone, or repenting a little quicker.

Just 1% better.

Those small things may not seem like much, but that's exactly the lesson taught in the parable of the ten virgins. The wise virgins didn't suddenly become prepared when the bridegroom arrived. They prepared little by little, day after day, drop by drop.

Every prayer is a drop of oil. Every scripture study is a drop of oil. Every act of service is a drop of oil. Every act of obedience is a drop of oil.

Most of the time we don't notice the lamp filling. The changes seem small and almost insignificant. But one day a trial comes. A health problem. A financial struggle. A family crisis. A prayer that seems unanswered. A test of faith.

And when those moments come, the oil we've been adding matters.

Those daily efforts help us stay true to our convictions. They help us hold on to our faith. They help us trust God when we don't understand what He is doing. They help us keep moving forward when life becomes difficult.

The purpose of becoming 1% better isn't just to become more spiritual. It's to prepare ourselves for the day when our faith is tested.

The goal isn't perfection.

The goal is direction.

So maybe the question we should ask ourselves each night is not, "Do I love God?"

Maybe the better question is:

"If I say I love God, what did I do today to prove it to myself?"




Hay una cita que dice:

"Dices que amas la lluvia, pero usas un paraguas cuando llueve. Dices que amas el sol, pero buscas la sombra cuando brilla. Dices que amas el viento, pero cierras las ventanas cuando sopla. Por eso tengo miedo cuando dices que me amas."

Cuando leí esa cita, me hizo pensar en mi relación con Dios.

Decimos que amamos a Dios. Decimos que creemos en Él. Decimos que es importante para nosotros. Pero, ¿podemos demostrarnos a nosotros mismos que lo amamos al observar lo que hacemos por Él cada día?

No lo que decimos. No lo que tenemos la intención de hacer. No lo que planeamos hacer mañana. ¿Qué hacemos realmente?

¿Cómo es que lo primero que muchos hacemos al despertar es revisar las redes sociales? Encontramos tiempo para Facebook, Instagram, YouTube, los programas de televisión, los deportes, los juegos, nuestra carrera, nuestros pasatiempos e incluso para nuestra salud física.

Sin embargo, cuando se trata de alimentar nuestra espiritualidad y dedicarle quince minutos a Dios, de repente se vuelve difícil. Nos aburrimos. Perdemos la concentración. Leemos un capítulo de las Escrituras y cinco minutos después no recordamos lo que acabamos de leer. Nos arrodillamos para orar y nuestra mente comienza a pensar en el trabajo, en nuestros compromisos o en las cien cosas más que tenemos que hacer ese día.

¿Por qué sucede eso?

Si realmente amamos a Dios, ¿no debería pasar tiempo con Él ser una de las partes más importantes de nuestro día?

La buena noticia es que Dios no nos está pidiendo que seamos perfectos de la noche a la mañana. Los líderes de la Iglesia nos han enseñado con frecuencia acerca de llegar a ser un 1% mejores cada día.

¿Y cómo se ve eso espiritualmente?

Tal vez signifique una oración más sincera. Tal vez signifique dedicar diez minutos a las Escrituras en lugar de cinco. Tal vez signifique prestar más atención a lo que estamos leyendo. Tal vez signifique servir a alguien, perdonar a alguien o arrepentirnos un poco más rápido.

Solo un 1% mejor.

Esas pequeñas cosas pueden no parecer mucho, pero esa es precisamente la lección que se enseña en la parábola de las diez vírgenes. Las vírgenes prudentes no se prepararon de repente cuando llegó el esposo. Se prepararon poco a poco, día tras día, gota tras gota.

Cada oración es una gota de aceite. Cada estudio de las Escrituras es una gota de aceite. Cada acto de servicio es una gota de aceite. Cada acto de obediencia es una gota de aceite.

La mayor parte del tiempo no notamos cómo se llena la lámpara. Los cambios parecen pequeños y casi insignificantes. Pero un día llega una prueba. Un problema de salud. Una dificultad económica. Una crisis familiar. Una oración que parece no recibir respuesta. Una prueba de fe.

Y cuando esos momentos llegan, el aceite que hemos estado acumulando marca la diferencia.

Esos esfuerzos diarios nos ayudan a permanecer fieles a nuestras convicciones. Nos ayudan a aferrarnos a nuestra fe. Nos ayudan a confiar en Dios cuando no entendemos lo que está haciendo. Nos ayudan a seguir adelante cuando la vida se vuelve difícil.

El propósito de llegar a ser un 1% mejores no es solamente ser más espirituales.

Es prepararnos para el día en que nuestra fe sea puesta a prueba.

La meta no es la perfección.

La meta es la dirección.

Así que quizás la pregunta que deberíamos hacernos cada noche no sea: "¿Amo a Dios?"

Tal vez la mejor pregunta sea:

"Si digo que amo a Dios, ¿qué hice hoy para demostrármelo a mí mismo?"