Cheering Others On in a World of Noise
Don Miguel Ruiz, in La Maestría del Amor, teaches that the Toltecs described the human mind as living in what they called the mitote. The mitote is a state of chaos, a marketplace of voices, a constant internal noise where thousands of opinions, judgments, beliefs, and fears are all speaking at the same time. We are born into that. We are born into a world full of traditions, full of noise, full of judgments, opinions, and beliefs that shape who we become early on and how we see ourselves and others. Without realizing it, we begin to confuse that noise with truth.
That inner noise is not neutral. It is full of comparison, full of criticism, full of judgment. It teaches us to measure people, to label them, and to quickly decide who they are. And if we’re honest, that voice feels familiar, because it is the same voice the scriptures describe as the natural man. Mosiah 3:19 teaches us that the natural man is an enemy to God. The natural man thrives in the mitote. It reacts instead of understanding, criticizes instead of uplifting, and sees flaws before it sees humanity.
But the Savior did not operate from noise. He saw clearly. Where others saw sinners, He saw souls. Where others saw failure, He saw potential. Where others judged, He loved. In 1 Samuel 16:7 we are reminded that man looks on the outward appearance, but the Lord looks on the heart. That is the invitation, to stop relying on the loud, automatic judgments of the mitote and begin to see with something deeper, the heart.
When you step outside of that internal noise, something changes. You no longer feel the need to tear people down or feel superior by pointing out flaws. Instead, you begin to do something rare. You cheer people on. You recognize effort, support growth, and celebrate progress, even when it’s imperfect. Because you realize something powerful, every person you meet is fighting something you cannot see.
God does not see people the way the mitote teaches us to see them. He does not reduce people to their worst moments or define them by their weaknesses. He sees who they are becoming. C.S. Lewis once said there are no ordinary people, every person is eternal. That means the person you are tempted to judge is someone God is still shaping. The person you are tempted to criticize is someone God still loves completely. And if God can love them that way, so should we.
Christ did not ask us to be better critics, He asked us to love better. In John 13:34 He teaches us to love one another as He has loved us. That kind of love does not come from the mitote, it comes from alignment with Him. It requires intention, awareness, humility, and a willingness to see differently.
The world is already loud, already full of opinions, already full of judgment. It does not need more noise. It needs more people who see clearly, more people who lift others, and more people who choose love over criticism. So the next time the noise rises, pause and ask yourself if you are seeing this person through the chaos of the mitote or through the clarity of Christ. Because one will lead you to judge, and the other will lead you to love.
XoXo Tino XoXo
Animar a los Demás en un Mundo de Ruido
Don Miguel Ruiz, en La Maestría del Amor, enseña que los toltecas describían la mente humana como algo que vive dentro de lo que llamaban el mitote. El mitote es un estado de caos, como un mercado lleno de voces, un ruido interno constante donde miles de opiniones, juicios, creencias y miedos hablan al mismo tiempo. Nacemos dentro de eso. Nacemos en un mundo lleno de tradiciones, lleno de ruido, lleno de juicios, opiniones y creencias que moldean quiénes somos y cómo nos vemos a nosotros mismos y a los demás. Sin darnos cuenta, empezamos a confundir ese ruido con la verdad.
Ese ruido interno no es neutral. Está lleno de comparación, de crítica y de juicio. Nos enseña a medir a las personas, a ponerles etiquetas y a decidir rápidamente quiénes son. Y si somos sinceros, esa voz nos resulta familiar, porque es la misma voz que las escrituras describen como el hombre natural. En Mosíah 3:19 se nos enseña que el hombre natural es enemigo de Dios. El hombre natural prospera dentro del mitote. Reacciona en lugar de entender, critica en lugar de edificar y ve defectos antes de ver humanidad.
Pero el Salvador no vivía guiado por ese ruido. Él veía con claridad. Donde otros veían pecadores, Él veía almas. Donde otros veían fracaso, Él veía potencial. Donde otros juzgaban, Él amaba. En 1 Samuel 16:7 se nos recuerda que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Señor mira el corazón. Esa es la invitación, dejar de depender de los juicios automáticos y ruidosos del mitote y empezar a ver con algo más profundo, con el corazón.
Cuando te sales de ese ruido interno, algo cambia. Ya no sientes la necesidad de criticar a los demás ni de sentirte superior por señalar defectos. En lugar de eso, empiezas a hacer algo poco común. Empiezas a animar a los demás. Reconoces el esfuerzo, apoyas el crecimiento y celebras el progreso, incluso cuando no es perfecto. Porque entiendes algo poderoso, cada persona que conoces está luchando con algo que tú no puedes ver.
Dios no ve a las personas como el mitote nos enseña a verlas. Él no reduce a nadie a sus peores momentos ni los define por sus debilidades. Él ve en quién se están convirtiendo. C.S. Lewis dijo que no existen personas ordinarias, cada persona es eterna. Eso significa que la persona que estás a punto de juzgar es alguien en quien Dios todavía está trabajando. La persona que estás a punto de criticar es alguien a quien Dios sigue amando completamente. Y si Dios puede amar así, nosotros también deberíamos hacerlo.
Cristo no nos pidió ser mejores críticos, nos pidió amar mejor. En Juan 13:34 nos enseña a amarnos unos a otros como Él nos ha amado. Ese tipo de amor no viene del mitote, viene de estar alineados con Él. Requiere intención, conciencia, humildad y la decisión de ver diferente.
El mundo ya es ruidoso, ya está lleno de opiniones y ya está lleno de juicio. No necesita más ruido. Necesita más personas que vean con claridad, más personas que levanten a los demás y más personas que elijan el amor sobre la crítica. Así que la próxima vez que el ruido aparezca, haz una pausa y pregúntate si estás viendo a esa persona a través del caos del mitote o a través de la claridad de Cristo. Porque uno te llevará a juzgar y el otro te llevará a amar.